Opinión

Ni un pelo de Gil (y Gil)

Columna de opinión sobre el polémico directivo español.

Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

21 de febrero 2018 , 03:25 p.m.

Decía sin miedo: “mis ídolos son Jesús, Franco y el Ché”. En ocho palabras Jesús Gil y Gil era capaz de encerrar su propio mar de contradicciones: devoción ante el dios humanado, frente a Francisco y su temible dictadura y ante Guevara, el guerrillero icónico. Tipo singular si los hubo, el que fuera durante años el presidente del Atlético Madrid.

Sujeto extraño, de trato hosco y capaz de irse a los puños si algo no concordaba con su forma de pensar, dedicaba las horas de sosiego a hablar con Imperioso sobre cuál debía ser el direccionamiento del club durante las temporadas venideras y en especial de los fichajes que harían parte de la plantilla. Gil y Gil usaba a su caballo blanco, uno de sus bienes más preciados como consiglieri futbolístico, seguramente inspirado en la relación de amistad que también tuvieron Calígula e Incitatus. Imposible pensar que varios de los futbolistas a los que dirigió envidiaban el trato que Gil le daba a su jamelgo porque a algunos de ellos los trató como animales.

Ensayó un montón de fórmulas para poder quitarle dominio a Real Madrid y Barcelona. Llevó a Menotti, a Pastoriza, a Aragonés y a Maturana. Al “Coco” Basile, al que sacó porque según sus propias palabras porque a la hora que Gil se despertaba, Basile estaba yéndose a dormir. Lo único que obtuvo durante su tiempo frente al club de Manzanares fue embarcarlo en una espiral que apenas en liga le brindó una alegría -el título del 96/97 bajo el comando técnico de Radomir Antic y con la capitanía de Diego Simeone, un símbolo colchonero de siempre- y miles de sufrimientos cuando, caminando al borde de la cornisa el Atlético rondaba año tras año posiciones de descenso hasta que un día su propio proyecto perdió el equilibrio en la baranda y se fue a segunda.

No fue la única excentricidad. Además de Imperioso, a Gil lo acompañó durante un buen tiempo otra mascota: se llamaba Furia y era un cocodrilo que le regaló Fidel Castro y al que llevó al palco durante un duelo Atlético-Tenerife en 1995. Uno se imagina a Gil en su oficina esperando al capitán del equipo para hablar sobre los premios de la temporada, con el cocodrilo amarrado con una cuerda. Quique Setién, hoy entrenador del Betis y que supo sufrir al extraño presidente durante un par de campañas en las que se trenzó con él en agrias discusiones, alguna vez comentó por lo bajo que esperaba que Furia creciera y que con el paso del tiempo, se comiera a Gil.

Estas son solo un par de anécdotas de muchas que están recopiladas en un muy buen libro -cortesía de Jaime Sánchez Cristo- llamado “Salvaje: la imperiosa historia de Jesús Gil y Gil”, escrito por Iván Castelló. Un documento magnífico que vale la pena buscar.

Por Nicolás Samper C.

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