Opinion

Minerva 1003

Opinión de Nicolás Samper sobre las opiniones de empleo y el curioso caso de Johan Arango.

Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

14 de enero 2020 , 10:32 a.m.

Una cifra cuenta que se han retirado cerca de dos billones de pesos en cesantías durante el 2019 por cuestión de desempleo. La gente, apurada porque el día a día es incapaz de darnos un respiro, acude a ese ahorro que originalmente ha sido destinado para inversión de vivienda o educación para poder vivir. Es ahorrar para después sobreaguar.

El empleo no sobra y hay que agradecer que los que podemos, nos levantamos pensando en trabajar y no en buscar trabajo, frase manida pero que cobra todo el valor del mundo cada vez que nos encontramos con nuestros coequiperos de oficina que no nos caen tan bien y cuando aparecen chicharrones de esos que parecen pulpos por tantos tentáculos que tienen y que a veces parecen ahorcarnos.

Alguna vez duré un buen tiempo así, orillado en el costado del camino mientras veía a lo de mi generación marcando tarjeta. Y se siente que la cabeza no deja de funcionar y que las revoluciones de la vida van a mil mientras que uno está detenido en la carretera, perdiendo tiempo vital. Mi terapia en ese momento -cuando me cansaba de llamar amigos y de mandar hojas de vida a ver si algo salía, no importaba lo que fuera- era leer y releer. Y hundirme en la tristeza y también en la música, que era capaz de sacarme del fondo al menos por un rato. Era lo único que lograba paliar el desespero de la llegada de un viernes en el que los amigos que sí tenían “coloca” me decían que fuéramos a tomar un trago y yo no tenía ni una moneda para pagar mi funeral. O cuando llegaban los recibos y había que apretar y resoplar para ver cómo se iban a pagar.

Un día un amigo me dijo que había un trabajo de modestísimo salario y con jornada de medio tiempo -cosa que en el periodismo es mentira pura en términos de horario pero verdad pura en asuntos de ingreso- y lo agarré como la rama que te salva de un río crecido. Y me aferré a eso con rabia, con furia para sentir que no estaba Knockout. Que la vida me daba una opción. Que era útil. Pucha si le agradezco a ese man por semejante salvavidas que me lanzó.

Toda esta reflexión tiene que ver con el hecho de saber aprovechar las oportunidades que la vida nos da. Por eso me aterró lo de Johan Arango, un futbolista al que eso de ponerse serio le ha costado mucho más de la cuenta. A pesar de sus antecedentes recibió tres ofertas en estos días: primero fue anunciado como refuerzo del Always Ready. A los pocos días ya no estaba allí, sino que ahora era confirmado como incorporación del Binacional del Perú. Y para completar a las pocas horas ya no iba a vestir esa camiseta: ahora el Olmedo de Ecuador era su destino.

Rarísimo todo: es creo que un caso único el de Arango. El de ser confirmado en dos empleos, desecharlos y obtener otro en menos de un mes. Y sin saber si Olmedo sea su último destino porque sus sobresaltos siguen siendo una constante. Su talento está fuera de cuestionamiento porque jugar sabe, pero tanta inestabilidad sirve para cerrar puertas en todos lados, así, personalmente, crea que al final se salió con la suya.

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