Opinión

Camisa de fuerza

Nicolás Samper analiza el proceso de Carlos Queiroz y lo que pide en la Selección Colombia.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

16 de octubre 2019 , 04:24 p.m.

El dibujo táctico es el mismo siempre: 4-3-3. Y el esquema es el que ha tenido Carlos Queiroz en su mente desde que asumió como director técnico de la selección Colombia de mayores y esa es su idea de arranque, la misma que el equipo que él dirige, ha tratado de exhibir en los partidos de diferentes modos, con cambio de nombres pero metidos en el mismo molde. Queiroz parece que muere con la suya, que eso no lo va a modificar a pesar de que -y eso parece un verdadero asunto de terquedad- de acuerdo a las últimas pruebas poco felices frente a Chile y Argelia que no ha encontrado los futbolistas necesarios para llevar a cabo de manera efectiva esta idea futbolística. El balance apunta a que no hay jugadores que se adapten al sistema que Queiroz propone.

Y ahí está el detalle: el director técnico tiene claro que primero es su esquema y después los jugadores. El dibujo es, de acuerdo al nacido en Mozambique, lo que se debe respetar, más allá de la inventiva o la capacidad de mutar en términos tácticos. Durante los buenos y malos momentos ese cinturón es el que quiere implantar el DT cueste lo que cueste. ¿Qué tanto puede afectar al equipo nacional su rendimiento esa camisa de fuerza impuesta?

No por nada -y el debate está centrado Justo en ese punto- en el de pensar que la inventiva no cuenta con cabida en la nueva administración que está a cargo. Queiroz sigue ensayando, no importa que sea con hombres cuyo momento no es el ideal para recibir el honor de hacer parte de una convocatoria -caso Berrío, Ibargüen entre otros- con tal de que pueda culminar el rompecabezas que empezó a armar así tenga que meter las piezas a la brava, como cuando uno era niño, forzándolas para crear una pintura que hoy se ve desteñida y con los colores difusos.

Así ha sido desde el génesis; a no engañarnos. En este nuevo proyecto se prioriza el valor de la velocidad, el “rápido y furioso” futbolístico, el frenesí sin importar que no hay jugadores para esa idea y resignando la capacidad de pensar antes de jugar. Y ese punto resulta grave, gravísimo, porque ante ese panorama suena difícil imaginar a tipos cómo James Rodríguez, Juan Fernando Quintero o Edwin Cardona, que son los que ayudan al manejo de crisis futbolísticas como la ocurrida ante los argelinos. En estos tiempos la razón parece no tener cabida.

El derecho de las cosas es que, tácticamente hablando, Queiroz se adapte a los jugadores y no lo contrario. Porque si no es 4-3-3 es como si no sirviera. Mucho se habló en contra del proceso anterior en cuanto a variables tácticas y así de rapidez, hubo 4-4-2, 4-2-3-1, 4-1-4-1 y hasta tres en el fondo en emergencia frente a Chile...

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