Opinión

Santos lugares

La primera columna del año de Nicolás Samper para los lectores de FUTBOLRED.

Nicolás Samper

Columnista Futbolred.

Foto: A. particular

03 de enero 2020 , 10:17 a.m.

Depende del suceso, un lugar cotidiano y anodino pasa a ser un punto inolvidable de la existencia de cada quien. Porque los lugares que hemos pisado mientras estamos vivos terminan siendo parte del paisaje que decora el tiempo que estamos destinados a pisar la tierra y la vida mortal como la conocemos. Muy aburrido hasta que recordamos un punto geográficamente definido en donde sentimos el sufrimiento o la dicha más pura. Y en ese instante cambia todo nuestro propio entramado porque un sitio cualquiera se nos vuelve un referente del recuerdo.

Y pasa que algunos rincones que siempre vemos, que siempre están, que al levantarnos en la mañana ya existían desde antes de que despertáramos a la vida, se transforman en nuestros propios elementos del museo que vamos construyendo a partir de las vivencias, de la experiencia: el sitio del primer beso, el primer adiós a un muerto conocido, la primera imagen de un muerto que no conocimos pero que sigue tatuado en la mente porque lo vimos en una vía cualquiera pero que se hace perenne cuando pasamos por ahí, el mueble que nos rompió la ceja en la niñez en la casa del abuelo... los lugares también son parte de nuestra vida, de nuestras miserias, de nuestras sonrisas.

Recordé esto al releer el libro “Cuaderno de Manchester”, escrito por Luis Martín y Pol Ballús, en el que se relata de manera muy puntual durante 312 páginas muy agradables el camino trazado por el Manchester City de Josep Guardiola hasta coronar su famosa liga ganadora de los 100 puntos en la temporada 17/18. Y acá es donde recobra el valor de los lugares en los que las cosas pasan. 

A falta de 5 fechas para el final de la campaña que tenía al City como líder con gran ventaja sobre el segundo, el Manchester United, se disputaba el clásico de la ciudad. Si el City vencía al United se coronaría campeón de liga. Una delicia diseñada para pocos esa de ser campeón dejando desairado al rival de patio. Pero al final fue derrota del City 2-3 y sentir que ese sueño de coronarse en casa iba a ser improbable.

La fecha siguiente envió al City a jugar en Londres contra Tottenham: vencieron 3-1 los celestes y debían esperar un improbable triunfo del West Bronwich Albion en Old Trafford para dar el grito de campeón. Técnico y jugadores de los citizens vieron imposible que el United se dejara quitar siquiera un punto del Albion, listo para ratificar su tortuoso camino hacia un descenso anunciado. Entonces Guardiola liberó a su gente y les dio tres días de asueto para que se fueran a hacer lo que quisieran. La espera por el título seguramente se alargaría hasta la fecha siguiente.

Guardiola se fue a jugar golf con un amigo y de regreso a Manchester, en plena autopista, los sorprendió un atasco de tráfico “cortazariano” y una lluvia que no quería detenerse. Dentro del Mercedes Benz, sin poder hacer mucho, recordaron que el United debía estar a punto de terminar su choque ante West Bronwich. Revisaron y vieron que el ManU perdía 1-0. Oyeron los dos minutos restantes de ese duelo y el marcador no se modificó. De repente Josep Guardiola era campeón de la Premier League y el título lo encontró encerrado en su auto en medio del tráfico y del diluvio, tal vez el más extraño sitio para dar una vuelta olímpica. En el libro, el DT, dijo: “no es el sitio que uno espera, pero bueno”.

Y ese sitio, ese lugar, ese carro, pasó de ser una circunstancia a un recuerdo vivo. De ahí la importancia de los Santos Lugares. 

Feliz año 2020 a los lectores de esta tira. Que el fin de año los encuentre con los suyos en alegría. Algunos no podrán hacerlo, como mi mamá, que el 31 se fue donde su hermana a cuidarla en una clínica. A ellos, a los que van a estar lejos, recuerden siempre los lugares en los que fueron felices porque es el antídoto más útil contra el dolor de la ausencia obligada en días como estos.

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