Opinión

El gol clave olvidado de Andrés Escobar

Nicolás Samper recuerda al gran defensor central, en los 25 años de su muerte.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

02 de julio 2019 , 03:46 p.m.

Han pasado 25 años desde aquel amanecer trágico de sábado en 1994 en el que el despertar nos juntó con el espantoso e inesperado anochecer de la vida de una figura querida en el fútbol como Andrés Escobar. Es pensar en ese instante para que de nuevo el escalofrío recorra el cuerpo.

Hoy el tiempo ha pasado y la herida sigue viva, pero los buenos recuerdos que dejó también permanecen intactos. Su gol más famoso, aquel martillazo de cabeza en Wembley -en aquella gira contra Inglaterra y Escocia de 1988- lo hemos visto desde todos los ángulos y sigue estremeciéndonos, igual que el maldito autogol ante los Estados Unidos, ese que terminó de alguna forma marcando el destino de su propia existencia.

Pero hay otro gol de un valor importantísimo que se opacó poco a poco por cuenta del tiempo y de los hitos que marcó con su tanto a Peter Shilton y por su yerro en el Rose Bowl de Los Ángeles. Esa anotación que se refundió en la memoria empezó a solidificar el sueño de su club en pos de obtener la primera Copa Libertadores de América de su historia.

Atlético Nacional y Millonarios -como subcampeón y campeón respectivamente- habían logrado su cupo para la Libertadores 1989 y en suerte de calendario los dos clubes debían enfrentarse a Emelec y Deportivo Quito. Alguna vez en una entrevista que le hice, Francisco Maturana, entrenador de ese equipo y a la vez de la Selección Colombia, me explicaba que ante las urgencias y poca maniobra por cuenta de los calendarios tan estrechos los equipos debían terminar de hacer pretemporada en medio de los partidos. Es decir, debían usar el espacio competitivo para poner a punto a los jugadores y en esa tónica comenzó Nacional su andar en la Libertadores: compitiendo y a la vez trabajando poniendo a punto al plantel.

De ahí se intuye el flojo arranque del verde en el torneo: en su debut igualó 1-1 contra Millonarios en El Campín y tuvo que irse a Ecuador. Allí empató contra Emelec 1-1 en Guayaquil, mismo marcador que obtuvo frente al Deportivo Quito. Le faltaba definir en casa así que el botín visitante parecía más que eficiente en tiempos en los que se daban dos puntos por triunfo. La cosa es que en el Atanasio Girardot Nacional perdió 0-2 contra Millonarios por culpa de las salvadas in extremis de Goycochea y los dos golazos del genial Arnoldo Iguarán. El asunto es que el arco no se destapaba para los verdes, tanto que hasta ese instante el goleador del club con dos tantos era ¡René Higuita! El portero convirtió dos penales, uno a Millonarios en Bogotá y el otro a Carlos Enríquez, portero del Deportivo Quito.

Quedaban apenas dos juegos en disputa y Nacional, si volvía a tropezar, podía despedirse de la Copa: contaba con tres puntos, uno menos que Deportivo Quito y los mismos que Emelec. Entonces, en medio de un encuentro muy complicado, se empezaron a enredar con aquel Deportivo Quito, en el que brillaba Alex Aguinaga.

Se fueron arriba los locales con gol de Arango pero Aguinaga igualó las cargas y le hacía muy difícil la misión a Maturana y sus muchachos, sin contar que Jimmy Arango, el autor del tanto verde, se iba expulsado a los 40 minutos del primer tiempo, acompañado por Adalberto Ángulo, del Quito, por agresión mutua.

Faltaban cinco minutos para el final y Andrés Escobar subió a buscar oro en un córner a favor. El balón encontró su cabeza y no tuvo miedo -como siempre en su carrera- y metió un frentazo violento, que guarda un parecido tremendo al recordado gol de Wembley: Andrés cabeceó y el balón superó el esfuerzo del arquero Enríquez, pegó en el travesaño y bajó traspasando la línea de sentencia. El gol se gritó con rabia y pasión porque cuando parecía que todo se extinguía, Andrés Escobar ponía de nuevo a Nacional en carrera, no sólo deportiva sino anímica.

Con la confianza reverdecida Nacional venció una semana después a Emelec 3-1 en el choque que cerraba el grupo y entró como segundo de su zona. Por eso antes de ese duelo ante Emelec, antes de Racing, de Millonarios, de Danubio y de Olimpia, tuvo que existir ese gol de Andrés, que vale la pena recordar hoy.

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