Opinión

Camisetas

Ahora que se habla de la casaca de la Selección, Nicolás Samper invita a recordar sus favoritas.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

12 de noviembre 2019 , 08:45 p.m.

La más linda que vi fue la de Escocia en el Mundial de 1990. Y con semejante uniforme -la suplente también tenía lo suyo- un equipo con individualidades interesantes (Steve Nicol, Murdo MacLeod, Jim Leighton y Alan McInally entre otros) se quedó por fuera de los octavos de final de ese torneo, muy al estilo escocés de frenar su carrera antes de octavos de final. Costa Rica los venció 1-0 y Brasil terminó despachándolos por la mínima en un juego aburridísimo que se definió por un bombazo de Alemao que soltó el portero Leighton, incapaz de aguantar el fusilamiento posterior de Muller.

Escocia 1990

La camiseta de Escocia en el Mundial de 1990, la preferida de Nicolás Samper.

Foto: Archivo

Y la mención tiene que ver con las discusiones estéticas que aparecen cada vez que se da a conocer la nueva prenda de un club o una selección, dada la controversia que ha generado la nueva indumentaria de Colombia, en específico la camiseta azul, comparada con forros de buses y demás memes surgidos en internet. De ahí surgió la excusa de escribir que es pensar en esas camisetas que no se nos olvidan.


En Colombia, en el fútbol de casa, hay camisetas inolvidables: una que hizo su propia historia y que determinó incluso la posibilidad de evocar a un club a través de su manera de jugar y de su indumentaria: pecho amarillo, mangas negras. Bien básico en términos de diseño -claro, eran otros tiempos donde a eso no se le paraba tantas bolas- y con un logosímbolo empresarial gigantesco: el de Kokoriko. Todo un desafío que fue exitoso en cancha porque aquel Deportes Tolima de comienzos de los 80 es aún recordado por su brillante manera de jugar. Y por su colorido atuendo. El Tolima, un transgresor en eso del vestuario, también ensayó durante varias temporadas un gran uniforme: camiseta con franjas verticales negras, rojas y blancas, muy al estilo de alguna camiseta suplente de River Plate.


La de Millonarios en 1988, marca Torino, era perfecta: números claros y lindo diseño. Y hubo un par que también se destacaron -en mi opinión-: la de 1985 azul, clásica, sin nada rimbombante, así como la del 2002, en épocas de Peter Kosanovic como DT, que no tenía patrocinio. Creo que han sido las mejores que vistieron a Millonarios a lo largo de mis recuerdos.

La del DIM en esta campaña reciente también ha sido de lo mejor: color rojo y azul por mitades, al estilo tradicional de otra casaca que cuenta con adeptos: la clásica de Cúcuta Deportivo. Gran elección en tiempos de exageraciones cromáticas y de inventos extraños. Quindío casi siempre respetó su primera indumentaria: la bella camiseta verde con una V amarilla que surca el pecho. Cuando se salen de ese marco parece que uno estuviera viendo cualquier otro club salvo el de la ciudad de Armenia. Y así podríamos seguir pero hay que respetar extensión de texto.

Cada quien tendrá su propio escalafón de preferencia. ¿Cuál es esa camiseta del fútbol colombiano que permanece en su recuerdo? Escríbame al twitter @udsnoexisten y hacemos una selección.

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